muchacho que se encuentra
ante la duda
de empezar a vivir o morir
pronto.
En sus versos se esconde el
solitario
gigante que en usted está
venciendo,
que le crece de dentro y le
devora.
Su amor por el otro, su
necesidad
de estar acompañado a cada
instante,
¿es para usted valeroso o
solo aire?
Le duele comprender que no
le entienden,
se enfrenta con el mundo a
manos llenas
y el mundo va y le paga con
dolor.
¿Acompañado siempre,
acompañado?
Encontrará la luz en esta
lucha,
la luz de quien camina
siempre solo
por buscar entre el hombre
lo innombrable.
En cuanto al amor, Luis,
nada ha perdido;
ame las horas de su ser en
sombra
y halle en ellas, como en
las viejas cartas,
la superación de una vida.
Caminará mañana y será
libre
del dolor de este mundo que
se agota;
lindará su amplitud con las
estrellas,
se alegrará por fin de ser
un hombre
pero en esto, muchacho,
estará solo,
y no podrá llevar nadie
consigo.
Sea tolerante con los
rezagados,
aquellos que no entiendan
su alegría,
ni sus dudas, ni su nuevo
deleite:
el placer de buscar en lo
infinito
una sombra de un árbol en
la brisa.


Me quedo con todo lo profundo del poema, con su soledad para crecer y sobre todo con su hallado deleite.
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