la estancia inacabable de la luz;
supe del todo y siempre,
y era yo nadie y nada y cada uno
antes del nombre, el traje, la mirada.
Pronto llegó el instante
primero, y otro, y otro, y se apagó
de golpe el sitio aquel del que ahora
apenas tengo
tan solo unas migajas pobres.
Y fui el que Eloy se llama, el que esto
escribe,
alguien con su tristeza y su alegría,
su sol, su lluvia, su ansia, sus papeles.

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